Había oscuridad. Aquél joven se levantó de su cama y la única luz que percibió fue la de una lámpara a su lado en un pequeño buró gris. Se puso de pie y asomó por su ventana; las calles eran negras y gritos desesperados llegaban a sus oídos pidiendo ayuda: era la voz de una mujer, sin embargo no podía ver nada porque todo era negro a sus ojos; tomó una linterna. El alumbrado público se había apagado por quinta vez en menos de veinticuatro horas… algo andaba mal.